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date: Sat, 20 Oct 2007 18:27:16 -0400,    group: uk.net.news.moderation        back       
(IV?N): BUSCANDO A DIOS   
Sábado, 20 de octubre, año 2007 de Nuestro Salvador 
Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica 


(Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo) 


BUSCANDO A DIOS: 

Hemos sido credos por nuestro Padre Celestial en sus manos 
santas, y con una sabiduría más que perfecta e 
indescriptible, indescriptible en nuestros corazones y para 
nuestros espíritus y mentes humanas. Somos un milagro 
grandioso de sabiduría del más allá, como en el reino de los 
cielos y como en el paraíso, por ejemplo, en el corazón, en 
las manos y en el Espíritu de nuestro Padre Celestial que 
está en los cielos. 

Y nuestro Dios lo hizo todo así en cada uno de nosotros, sin 
equivocarse en nada, para poner su espíritu de fe, de 
buscarle a Él, por siempre, en nuestras vidas por la tierra y 
posteriormente en nuestras nuevas vidas celestiales, 
infinitamente regeneradas por la vida gloriosa y sumamente 
sobrenatural de nuestro Árbol de vida eterna, ¡nuestro Señor 
Jesucristo! Es como si nuestro Padre Celestial, desde el 
momento que nos comenzó a formar del lodo de la tierra en sus 
manos santas y, aunque parezca incorrecto decirlo: "aun no 
termina su obra infinita de gran gloria eternal en cada uno 
de todos nosotros, únicamente si Cristo vive en nuestros 
corazones". 

En verdad, cada uno de nosotros es "una obra santa y perfecta 
en sus manos benditas", la cual le ha tomado siglos, para 
algún día (y muy pronto, también), completarla cabalmente, 
para gloria y para honra de su nombre muy santo, en el cielo 
y en la tierra, para siempre. Porque "nuestro Dios nos ha 
llamado de las profundas tinieblas del polvo de la tierra", 
para poner en nosotros de su Espíritu, de su imagen y de su 
semejanza celestial, por medio de su Hijo, nuestro Señor 
Jesucristo: "para que lo busquemos día y noche y por siempre 
en la eternidad celestial y hasta que lo encontremos en su 
luz perfecta". 

Ciertamente, hemos sido creados "para buscar a nuestro Dios 
aún en los peores y más oscuros días de nuestras vidas", para 
encontrarlo: "encontrarlo a como de lugar, sólo en el 
Espíritu de fe, de nuestro Señor Jesucristo". Porque el 
encontrar a nuestro Padre Celestial en nuestras vidas 
pecadoras es casi un imposible, pero no así en la vida de 
nuestro Señor Jesucristo; justamente, sólo "en la vida de 
nuestro Señor Jesucristo, por su gracia, por su misericordia, 
por su bondad infinita y por su amor sin igual, le 
encontraremos para verle cara a cara", en la eternidad. 

Por ende, "en nosotros está el espíritu de buscar a nuestro 
Creador, para encontrarlo", en la manera que nuestro Padre 
Celestial sólo desea ser encontrado por cada uno de nosotros, 
únicamente "por medio de su fruto de vida, su Hijo amado", ¡
el Árbol de la vida eterna! Por eso, nuestro "Dios creo a 
Adán y a Eva, por ejemplo, para ser encontrados por ellos, 
exclusivamente por medio del comer y beber del fruto del 
Árbol de la vida, su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en 
el paraíso y en el resto de la creación de Dios". 

En verdad, "desde mucho antes que nuestros Dios nos formase 
en sus manos santas o en el vientre de nuestras madres, por 
ejemplo, ya nuestro espíritu humano buscaba a nuestro 
Creador", para conocerle tal como él siempre ha sido y como 
ha de ser en la eternidad venidera. Y, de cuando a acá, 
"buscamos a nuestro Dios, desde mucho antes de la formación 
de nuestros cuerpos y de nuestras almas infinitas, en las 
profundas tinieblas del lodo de la tierra y aún, hoy en día, 
con el mismo espíritu y con el mismo fervor de siempre, pues 
así, seguimos buscándole", para encontrar nuestro sentido (o 
propósito) de vivir infinitamente. 

Muy pronto, si no es ya, gracias a la ayuda idónea de Cristo 
y del Espíritu de Dios: "Encontraremos a nuestro Padre 
Celestial cara a cara para conocerle tal como siempre ha sido 
para con cada uno de nosotros, en un día, no muy lejano y 
escogido por él y más no por el hombre pecador de la tierra". 
Pues buscamos a nuestro Dios, porque "somos amantes" de la 
luz y de la vida; en verdad, "tenemos el potencial de amarle 
a él, como jamás ha sido amado por nadie, ni aún por los 
ángeles del cielo", salvo nuestro Árbol de la vida eterna, 
nuestro Señor Jesucristo, claramente. 

¿Será por eso, que nuestro Padre Celestial nos ama mucho, 
quizás? Y nos ama tanto, nuestro Padre Celestial, hasta el 
punto de entregarnos lo más valioso de su vida infinita, en 
esta vida y en la venidera, también, su Hijo amado, su único 
Árbol de vida eterna, para los ángeles del cielo y para la 
humanidad eterna, en el paraíso, en la tierra y así también 
en La Nueva Jerusalén Celestial. 

Buscamos a nuestro Dios, en nuestros corazones y en nuestros 
espíritus humanos, porque tenemos el potencial de amar 
sobrenaturalmente aquel que nos creo, para librarnos 
eternamente y para siempre de las profundas tinieblas del 
polvo de la tierra y así entonces establecernos como sus 
hijos y como sus hijas en el nuevo reino venidero, de su 
nueva vida infinita. ¿Será, pues, por este motivo de que el 
Señor Jesucristo descendido del cielo, para morir por la 
culpa de nuestros pecados, en la manera más cruel posible en 
las manos de pecadores, sobre los árboles cruzados de Adán y 
Eva y sobre la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en 
Israel! 

Creo que si, sin duda alguna. Porque nosotros, como seres 
humanos que somos, en verdad, sabemos amar a nuestro Dios y 
Creador de nuestros espíritus y de cuerpos humanos, en el 
cielo y en la tierra aun con un amor mayor al de los ángeles 
del cielo; y esto es gloria eterna para nuestro Padre 
Celestial, para su Espíritu Santo y para su Hijo amado. Esta 
es la gloria que nuestro Padre Celestial siempre ha buscado a 
través de las edades, para encontrarla sólo en los que le 
buscan a Él, en el espíritu y en la verdad de su Hijo amado, 
¡el gran rey Mesías de todos los tiempos, el Hijo de David!

En realidad, "nuestro Padre Celestial nos creo para la 
eternidad venidera, porque nos amaba profundamente, sabiendo 
en su corazón santísimo que creaba en sus manos sagradas a 
unos seres muy especiales", quienes le amarían 
sobrenaturalmente y a través de los siglos, en el mismo 
espíritu de fe y de amor de su Hijo amado, ¡nuestro Árbol de 
vida eterna! Aquí, "nuestro Dios no se equivoco con nosotros, 
sino que Satanás hizo de las suyas para que nuestro Dios no 
sea glorificado en nuestros corazones y en nuestras nuevas 
vidas infinitas, del nuevo reino venidero del Árbol de la 
vida y del Espíritu de Dios, rodeado por siempre de huestes 
angelicales del reino sempiterno de los cielos, por ejemplo". 

Ciertamente, buscamos a nuestro Padre Celestial que está en 
los cielos aún en nuestros peores momentos de nuestras vidas, 
aunque estemos muy ciegos, espiritualmente hablando, y aún 
así buscamos a nuestro Dios, para que de una manera u otra 
encontrarlo a él, para entonces encontrar nuestra vida y 
nuestra felicidad infinita, sólo posible por medio de su 
Hijo, ¡nuestro Señor Jesucristo! Buscamos, pues, a nuestro 
Dios, "porque deseamos ser amados por él y sentir su amor 
infinitamente en nuestros corazones, en nuestros espíritus y 
en nuestros cuerpos humanos para ser felices y así comenzar a 
vivir nuestras vidas, sobrenaturalmente: "y esta vez seria 
para la nueva eternidad celestial de La Nueva Jerusalén Santa 
y Perfecta del cielo".

ENTONCES SI DESEAMOS SER FELICES, PUES BIEN, BUSQUEMOS EL 
REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA: NUESTRO REY MESÍAS, ¡NUESTRO 
JESUCRISTO!

Ya que, nuestro Mesías, el Árbol de la vida eterna es el 
reino de los cielos para ángeles y para la humanidad entera, 
de todos los tiempos, comenzando con Adán y Eva en el 
paraíso, por ejemplo, para siempre. Y sin el Señor Jesucristo 
para los ángeles del cielo y así también para la humanidad 
entera la vida no es posible, jamás.

Ciertamente, nuestro Padre Celestial "nos ha creado en sus 
manos santas, de acuerdo al designio de su corazón sagrado 
para que le amemos, le sirvamos y le busquemos siempre en 
nuestros corazones y en nuestras almas vivientes, en el 
paraíso, en la tierra y así también en la nueva vida infinita 
del nuevo reino de los cielos", de la Jerusalén Eternal. 
Entonces "todos pongan el don de Dios de amarle, de honrarle, 
de servirle y de buscarle siempre, a obrar en sus vidas, para 
que los bendiga día y noche y así crezcan en el poder 
sobrenatural de su Espíritu Santo, para comenzar a gozar 
desde ya", de las bendiciones más gloriosas de la vida 
eterna. 

Dado que, la nueva vida infinita de nuestro Padre Celestial, 
"la cual siempre ha soñado alcanzar en su vida, desde los 
días de la antigüedad, es sólo posible para con los hombres, 
mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, como los que 
ha formado en sus manos santas, para que vengan a Él, por 
medio de su Árbol de vida". Porque "sólo el camino, de la 
verdad y de la justicia infinita de su Hijo amado, es 
realmente el verdadero encuentro entre Dios y su nueva 
creación inmortal, de ángeles del cielo y de la humanidad 
entera de toda la tierra, de nuestros días y de toda la vida, 
también".  

Entonces "todos, sin que nadie falte, siempre busquen 
primeramente el reino de nuestro Padre Celestial y de su 
justicia infinita, para que todas las cosas que le pidan a 
Él, en el Espíritu maravilloso del nombre sagrado de su Hijo 
amado, les sean concedidas, sin más demora alguna". Porque 
nuestro Dios es sumamente rico de todas las riquezas de la 
vasta creación celestial y de la tierra, también, y no hay 
nada que no sea de su creación personal, ya sea por su 
palabra, por su nombre, por su Espíritu Santo y por sus 
manos" (el hombre del paraíso y de la tierra, de nuestros 
días, por ejemplo). 

Por lo tanto, nuestro Dios desea suplirte todo lo que 
necesites en tu vida, si tan sólo se lo pides a él, por medio 
de su fruto de vida eterna, su Hijo amado, nuestro salvador 
Jesucristo. Porque si él no está en tu corazón y en todo tu 
espíritu humano, también, entonces Dios no podrá jamás 
suplirte nada, de todo lo que necesites en tu vida, en el 
paraíso, en la tierra y así también en la nueva vida infinita 
de La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, por 
ejemplo. 

Y nuestro Dios nos ha dado, no sólo la habilidad de necesitar 
muchas cosas de la vida de la tierra, sino también las del 
paraíso y las de La Nueva Jerusalén Santa e Infinita del 
cielo, por ejemplo. Es por esta razón, "que desde mucho antes 
de crear las cosas en el paraíso y en la tierra, también, 
entonces nos dio de su Espíritu en abundancia, para que 
descendiese sobre los lugares de la tierra y así subyugué a 
cada una de las profundas tinieblas, de Satanás y de su reino 
de gran mentira y de maldad eterna. 

Para entonces poder comenzar a crear el primer día y los 
demás (días) y en adelante y hasta el fin de las cosas en la 
tierra, para que sólo a la luz del día, crear al hombre del 
hueco de la tierra y en sus manos santas, también, para 
saborear en su corazón sagrado nuevas glorias eternas en su 
vida bendita. Con el fin de que el hombre de su creación 
inmortal entonces, entonces lleve en él (o en ella) su imagen 
y todo conforme a su semejanza celestial e infinita, en cada 
uno de nosotros, de todos los hombres, mujeres, niños y niñas 
de la humanidad entera, comenzando con Adán y Eva primero, 
lógicamente, en el paraíso. 

Y cuando nuestro Dios ya nos había formado en sus manos 
santas, entonces "estábamos llenos de su Espíritu Santo, para 
conocer a su Árbol de la vida y posteriormente su Ley Divina, 
para más tarde realmente comenzar a vivir su vida gloriosa 
con él y con las huestes celestiales de su Espíritu Santo", 
por ejemplo, de su nueva Jerusalén Celestial. Es decir, que 
"nuestro Dios nos lleno de su Espíritu Santo desde el 
comienzo de nuestra creación en sus manos santas en el cielo, 
para que vivamos por él, por su Espíritu Santo y así llegar a 
conocer a su Hijo amado", nuestro único fruto de vida eterna, 
para realmente llegar a conocer su Ley Divina, la de toda la 
vida. 

Porque sin la bendición de nuestro Padre Celestial, y la 
llenura de su Espíritu Santo y de su Hijo amado, nuestro 
Señor Jesucristo, entonces jamás podremos realmente recibir, 
vivir y honrar infinitamente su Ley Eternal del cielo y de 
toda la creación, para siempre. Por lo tanto, para nosotros 
poder realmente comenzar a recibir de nuestro Padre Celestial 
todas las cosas que necesitemos en nuestras vidas del paraíso 
y así también en la tierra y en la nueva vida infinita de La 
Nueva Jerusalén del cielo y de su gran rey Mesías, pues, 
obviamente tenemos que estar llenos de su Espíritu Santísimo. 

Y esto significa de estar llenos infinitamente de su fruto de 
vida eterna y de la santidad de su Ley Eterna, sólo posibles 
en el Espíritu de Cristo, nuestro salvador Jesucristo. Pues 
bien, entiende a nuestro Dios y a su Escritura (la Santa 
Biblia): Si Dios quiso que la tierra esté llena de su 
Espíritu Santo, desde el comienzo de las cosas (génesis 1:3), 
entonces también desea mucho que la obra de sus manos, el 
hombre y la mujer del paraíso y de la tierra, estén también 
llenos de su Espíritu Santo. (No lo crees así, mi estimado 
hermano y mi estimada hermana.)

Además, nuestro Dios lleno a la tierra de su Espíritu 
Santísimo, primero, porque del lodo de ella iba a levantar al 
hombre, a la mujer, al niño y a la niña de la humanidad 
entera, comenzando con Adán y Eva, por ejemplo. Es decir, 
también, "que el mismo lodo de la tierra, en las manos de 
nuestro Padre Celestial, antes que comenzase a crear al 
hombre en su imagen y conforme a su semejanza celestial, ya 
Él mismo había derramado de su Espíritu Santo sobre ella, 
para que desde el primer día el hombre sea lleno de su 
Espíritu Santo". Entonces sin que te des cuanta de Dios y de 
su Espíritu Santo, ya Dios había llenado tu vida de Él, para 
posteriormente darte de comer y de beber de su fruto de vida 
eterna, su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Es por eso, que el Espíritu Santo de Dios es de suma 
importancia en nuestros corazones, en nuestras almas 
vivientes y así también en todo nuestro ser interior e 
exterior, también, porque así Dios lo quiso desde el comienzo 
de todas las cosas en nuestras vidas celestiales y 
terrenales. Ahora, está del hombre conllevar con él el 
Espíritu de Dios, en su corazón y en todo su ser también, 
todos los días de su vida, en la tierra y en el paraíso, 
igual, para que nuestro Dios esté alegre y contento con cada 
uno de nosotros, en todos los lugares de la tierra; de otra 
manera, no viviremos jamás. 

De otra manera, no recibiremos nada de nada jamás de nuestro 
Padre Celestial, ni de su Espíritu Santo, ni de su Hijo 
amado, nuestro Señor Jesucristo que está en los cielos; y 
esto es muerte eterna para cualquier ser viviente sea ángel 
del cielo u hombre de la tierra, por ejemplo. Entonces 
busquen a su Dios en sus corazones, en sus almas infinitas, 
porque el Espíritu de nuestro Padre Celestial ya está en cada 
uno de ustedes, desde el primer día de sus vidas en el 
paraíso y así también en toda la tierra. 

Y esto es realmente para que vivan por él día y noche y por 
siempre en la nueva vida infinita del nuevo reino celestial, 
sólo por medio de las riquezas gloriosas y sumamente 
infinitas del fruto de su Árbol de vida eterna, nuestro gran 
rey Mesías, ¡el Cristo! Porque sólo en el Espíritu de la 
sangre y de la vida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo es 
que realmente podemos encontrar a nuestro Dios y así también 
la felicidad infinita de una nueva vida celestial, en la 
tierra, en el paraíso y en La Nueva Jerusalén del nuevo reino 
de los cielos, de Dios y de su humanidad infinita.

NUESTRO PADRE CELESTIAL TIENE PLANES COLOSALES PARA NOSOTROS

Y estos planes de Dios, para con cada uno de todos nosotros, 
en nuestros millares, de todas las razas, familias, pueblos, 
tribus, ciudades y reinos de la tierra y del paraíso, son 
sólo en el Espíritu de la sangre y de la vida gloriosa de 
nuestro Señor Jesucristo, ¡el Santo de Israel y de la 
humanidad entera! "Porque yo sé los planes que tengo acerca 
de ustedes", dice nuestro Padre Celestial, "planes de bien y 
no de mal, planes de vida y de salud infinita y planes para 
darles porvenir y esperanza, en la tierra y en sus nuevos 
días largos y eternos en el paraíso y en La Nueva Jerusalén 
Santa e Infinita del cielo. 

Entonces me invocaran, por el Espíritu de amor a mi nombre 
santo, el cual vive en sus corazones por la vida y por la 
obra sobrenatural de amor y de fe eterna, del gran rey Mesías 
de todos los tiempos, ¡el Árbol de la vida! Ciertamente 
vendrán y oraran a mí, a su Dios y Fundador de sus vidas, y 
yo les escucharé todas sus oraciones, sus suplicas, sus 
ruegos y sus intercesiones por ustedes mismos y por los 
suyos, también, en todos los lugares de la tierra, y les 
responderé con muchas y grandes bendiciones infinitas, sin 
más tardar. 

Me buscaran y me hallaran, en la tierra y así también en el 
cielo, porque siempre he estado esperando por ustedes; y, 
además, oirán de mí, cuando vengan a mí, porque me buscaran 
con todo su corazón, lleno del nombre sagrado de su salvador 
celestial, su Mesías eterno, ¡el Cristo! Y porque yo soy su 
Dios, en el cielo y en la tierra, entonces vivirán, igual, 
eternamente y para siempre".  

Ciertamente, "nuestro Padre Celestial siempre está pensando 
en cada uno de nosotros, por amor a su nombre santo, para 
ayudarnos y para bendecirnos con su Espíritu Santo y con sus 
dones sobrenaturales, de sanidad y de salud infinita. Y, 
además de todo, "él mismo nos ama con su amor sobrenatural, 
el cual siempre ha sendito en su corazón por su Hijo amado, 
nuestro Señor Jesucristo": porque quiere que cada uno de 
nosotros sea como Él, perfecto e infinitamente santo, en la 
tierra y así también en el cielo, para siempre, por los 
poderes sobrenaturales de su sangre santísima. 

Pues "para esto nuestro Padre Celestial nos ha creado en sus 
manos santas, para que seamos igual que su Hijo amado, en 
santidad, en pureza, en honor y en gloria infinita, en la 
tierra y en el cielo, para vivir la nueva vida celestial, del 
nuevo reino de los cielos. Porque "todo lo que nuestro Padre 
Celestial ha comenzando a hacer, desde el comienzo de todas 
las cosas, ha sido para empezar la nueva vida eterna del 
nuevo reino de los cielos, desde la tierra de nuestros días y 
hasta por siempre en la nueva eternidad venidera, por 
ejemplo". 

Puesto que, nuestro Dios nos ha llamado desde las 
profundidades de la tierra para ejecutar sus mayores y 
poderosos planes de vida y de santidad infinita, en la tierra 
para vivirla en la nueva eternidad celestial de La Nueva 
Jerusalén Santa y Eternal del cielo, para los ángeles y para 
la humanidad entera y de todos los tiempos, también. Porque 
nuestro Padre Celestial va a vivir su nueva vida santa y 
sumamente honrada por el Espíritu de la sangre de su Hijo 
amado con cada hombre, con cada mujer, con cada niño y con 
cada niña de la humanidad entera, empezando con Adán y Eva, 
por ejemplo, en el paraíso de la antigüedad. Es por eso, que, 
hoy mismo, "todos podemos regresar al paraíso, para comer y 
beber mucho más que antes del Árbol de la vida y así entonces 
encontrar y conocer a nuestro Padre Celestial que está en los 
cielos, como en los días de Adán y Eva, por ejemplo, pero 
esta vez con mayor gloria que antes.

Porque la verdad es que "los mejores pensamientos del corazón 
sumamente santo e infinitamente glorioso de nuestro Padre 
Celestial no los ha llevado acabo con sus ángeles del cielo, 
sino que lo ha hecho con el hombre de la tierra y, por ende, 
lo seguirá haciendo así en la nueva vida infinita del nuevo 
reino de los cielos". Y estos son "pensamientos de gloria y 
de paz infinita de su nueva vida eternal, de su gran ciudad 
celestial del más allá, La Jerusalén Perfecta de toda la vida 
del gran rey Mesías y de sus hijos e hijas de todas las 
razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de toda la tierra". 

Aquí es "cuando nuestro Padre Celestial ha de llevar acabo 
los mejores pensamientos de su corazón santísimo, para 
bendecir grandiosamente la vida de cada uno de sus ángeles y 
así también la de sus hijos e hijas de la humanidad entera". 
Y estos son realmente de todos ellos "de los que han creído 
en sus corazones y han confesado con sus labios el nombre 
sagrado de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo", ¡el único gran 
rey Mesías posible de Israel y de las naciones!, quien 
realmente cumple las escrituras y la Ley de Moisés, para 
hacer feliz el corazón de Dios, infinitamente. 

Dado que, "no hay nada más que pueda hacer el corazón de 
nuestro Dios muy feliz, si no es de ver que el nombre de su 
Hijo amado es sumamente honrado e infinitamente glorificado 
en los corazones de los hombres, mujeres, niños y niñas de la 
humanidad entera", como de los que ha creado en sus manos, en 
el cielo. Es por eso, que "si realmente deseas en tu corazón, 
mi estimado hermano y mi estimada hermana, hacer que los 
planes santos de vida y de salud, de gloria y de paz, de 
porvenir y de esperanza, sean hechas una realidad en tu vida, 
entonces tienes que serle fiel a Él", sólo por medio del 
Espíritu de fe, de su nombre santísimo. 

Y "éste nombre muy santo de Dios es el mismo nombre sagrado 
de su Hijo amado de todos los tiempos del cielo y de la 
tierra", ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque sólo por medio del 
Espíritu de fe, del nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro 
Señor Jesucristo, es que verdaderamente nuestro Padre 
Celestial oye las oraciones de sus ángeles del cielo (porque 
los ángeles del cielo si oran) y así también las de cada 
hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera". Es decir, 
también, para ser más claro, que nuestro Dios jamás oirá tus 
palabras, tus oraciones, tus ruegos, tus peticiones, tus 
necesidades, sino se las entregas sólo a Él, en el nombre de 
su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Y, en otro nombre, "nuestro Dios no oye la oración de nadie, 
como a Lucifer (cuando era ángel del cielo con sus ángeles 
seguidores) o como Adán y Eva (cuando ellos vivan en paz con 
su Creador en el paraíso hasta que se encontró maldad en 
ellos en contra de Cristo, por ejemplo)". Porque "como 
Lucifer y sus ángeles caídos del reino y así también Adán y 
Eva en el paraíso, por no comer del fruto del Árbol de la 
vida, entonces tuvieron que abandonar sus vidas celestiales 
para vivir en tierras de tinieblas: Lucifer en el bajo mundo 
de los perdidos y el hombre en la tierra, de nuestros días, 
por ejemplo. 

"Nuestro Dios tuvo misericordia del hombre, pero no de los 
ángeles caídos; aunque todos ellos pecaron igualmente delante 
de Dios, al no disfrutar del nombre glorioso y sumamente 
honrado de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en sus 
corazones y en el paraíso. Pero "de los ángeles del cielo y 
así también los hombres, mujeres, niños y niñas de la 
humanidad entera, que han comido y bebido del fruto del Árbol 
de Dios, nuestro Señor Jesucristo, entonces nuestro Dios 
tiene planes de vida y de salud, planes de gozo y de 
felicidad y planes de gloria y de paz, en La Nueva Jerusalén 
Celestial". 

Es por eso, "de que desde el día que nuestro Señor Jesucristo 
comenzó a predicar éste evangelio de gloria, paz, bendición y 
de salud eterna para los hombres, mujeres, niños y niñas de 
Israel y de las naciones de toda la tierra, no ha parado 
hasta tocar tu corazón y toda tu vida", mi estimado hermano y 
mi estimada hermana. Y, "así mismo ha de seguir siempre, 
aunque los imperios, los reinos y naciones de la tierra dejen 
de ser, la palabra de vida y de salud eterna ira hacia 
delante, para perdonar pecados y para redimir las almas 
preciosas de los hombres y de las mujeres de la tierra; 
redimirlos del fuego candente e infinitamente tormentoso del 
infierno eternal".

OBSERVEN A SU DIOS Y A SU JESUCRISTO, PARA QUE EL DIABLO 
ABANDONE SUS VIDAS

Porque la verdad es que "Satanás jamás saldrá de sus vidas", 
en el paraíso con Adán y Eva, ni en la tierra con todo 
hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, que no 
haya aceptado en su corazón al Señor Jesucristo. Aceptar al 
Señor Jesucristo, "en el corazón en el espíritu y en la 
verdad de la justicia infinita de nuestro Padre Celestial, 
como el fruto de la vida, como su único Hijo amado del 
paraíso, para perdonar nuestros pecados y para colmarnos de 
bendiciones y de salud eterna", en la tierra y en la nueva 
vida de La Jerusalén Grandiosa. 

Observen, pues, a nuestro Padre Celestial que está en los 
cielos, "únicamente por medio de nuestro Señor Jesucristo, 
para que los poderes sobrenaturales de su nombre y de su 
Espíritu Santo actúen en sus corazones, en sus almas y en 
toda sus vidas, también, día y noche y por siempre". Resistan 
a Satanás en todos sus intentos de ataques hacia ustedes y 
hacia los suyos, también, "y Él se echara a volar lo más 
lejos posible de cada uno de ustedes, porque el Espíritu del 
Señor Jesucristo es poderoso en sus corazones y en sus almas 
vivientes", mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas. 

En efecto, "esto es algo que cada ángel caído lo sabe muy 
bien en su corazón perdido (además de los ángeles nobles y 
muy fieles a Dios y a su Jesucristo en el cielo), en la 
tierra y en el más allá, también". Es por eso, "que cada vez 
que el nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo es invocado 
por nuestros corazones y por nuestros labios, entonces lo 
único que le queda a Satanás es huir como un cobarde", porque 
la verdad y la justicia de nuestro Padre Celestial se hacen 
presentes en nuestras vidas, para defendernos de todos los 
males del enemigo. 

Y "no hay fuerza posible del enemigo de nuestras vidas, que 
realmente nos puedan hacer algún mal, si estamos pensando 
siempre en nuestro Padre Celestial y en el Espíritu de amor 
sobrenatural de su fruto de vida eterna", ¡nuestro Señor 
Jesucristo! Pues entonces, "acérquense a su Dios y Fundador 
de sus vidas, y Él se acercará a ustedes, también, en el 
Espíritu de amor, de verdad y de justicia infinita de su Hijo 
amado", ¡nuestro Señor Jesucristo! 

Porque para esto "nuestro Señor Jesucristo descendió del 
paraíso, para acercarse él a nosotros y así nosotros a 
nuestro Padre Celestial, porque de otra manera no era posible 
el acercamiento de nosotros a Dios, ni de Dios a nosotros, 
para siempre, por culpa de las mentiras de Satanás, en el 
paraíso y en la tierra, de nuestros tiempos, por ejemplo". 
Por ello, "limpien sus corazones pecadores, invocando a su 
Hijo amado; y purifiquen sus almas, ustedes de doble ánimo, 
porque es Dios quien los ayuda siempre" para llevar su obra 
hacia delante: "con el fin de alcanzar nuevas glorias y 
nuevas santidades infinitas, para su nombre santísimo en sus 
corazones y en sus almas eternas", mis estimados hermanos y 
hermanas. 

Puesto que, "poderoso es nuestro Padre Celestial para luchar 
por cada uno de ustedes delante de Satanás y de sus ángeles 
caídos, y derrotarlos en gran medida espiritual, por medio de 
la misma vida gloriosa y sumamente honrada de su Hijo amado", 
nuestro salvador del paraíso y de toda la tierra, también, ¡
nuestro Señor Jesucristo! Porque mayor que nuestro Señor 
Jesucristo no hay otro igual, para derrotar a Satanás y a 
cada uno de sus seguidores: "ángeles caídos del cielo o 
gentes de gran mentira y de maldad eterna en toda la tierra, 
de nuestros días y de siempre, por ejemplo". 

Es por eso, "que nuestro Dios desea que nosotros resistamos 
al diablo en cada momento de nuestras vidas, invocando 
siempre el nombre sobrenatural de su Hijo amado, para que se 
aleje de nosotros y no nos haga ningún mal más". Porque cada 
vez que el enemigo de nuestras almas nos hace algún mal, 
entonces "nuestro Padre Celestial se duele mucho en su 
corazón sagrado, porque somos obras perfectas de sus manos 
santas, para vivir la nueva vida infinita del nuevo reino 
venidero", en la nueva eternidad celestial de La Colosal 
Jerusalén del cielo y del gran rey Mesías, ¡nuestro Cristo! 

Además, "nuestro Dios no desea, por ninguna razón, que 
caigamos en las trampas, en los males de siempre, del enemigo 
de nuestra verdad, de nuestra justicia y de nuestro derecho a 
vivir y a serle útil a nuestro Dios (y Padre Celestial de 
nuestras almas eternas) que está en el cielo", sino todo lo 
contrario. Nuestro Padre Celestial "desea que seamos siempre 
fuertes ante el enemigo", para derrotarlo a él y a cada uno 
de sus secuaces en cualquier hora del día o de la noche y en 
cualquier lugar de toda la tierra. 

Es por eso, que nuestro Padre Celestial "nos ha entregado 
poderes sobrenaturales de los dones de su Espíritu Santo y 
del mismo espíritu de la sangre y de la vida de nuestro Señor 
Jesucristo, porque hay poder y más para ser siempre 
victorioso sobre todos nuestros enemigos", en la tierra y en 
el más allá, también, eternamente y para siempre. En verdad, 
"tenemos poderes sobrenaturales para no sólo pedir perdón de 
nuestros pecados, sino también para sanar nuestros corazones, 
nuestras almas infinitas y nuestros cuerpos, también, en el 
paraíso y en la tierra, para siempre, para gloria y para 
honra eterna de nuestro Padre Celestial". 

Porque en el nombre del Señor Jesucristo, "nuestro Padre 
Celestial nos libra de los males más terribles del enemigo de 
nuestras vidas, en la tierra y en el paraíso, también", por 
amor al Espíritu de su nombre muy santo, en el corazón de su 
Árbol de la vida, ¡nuestro Señor Jesucristo! Es por eso, que 
"tenemos poderes y autoridades sobrenaturales del nombre de 
nuestro Señor Jesucristo para orar no sólo por nosotros 
mismos, sino también por los demás, en nuestros hogares y 
hasta en tierras lejanas, también, para que Dios les ayude y 
les vaya bien siempre, aún más allá de la eternidad venidera 
del nuevo reino de Dios". 

Ya que, "hay poderes y autoridades sobrenaturales, en el 
nombre del Señor Jesucristo para destruir cada una de las 
obras de Satanás y de sus ángeles perdidos y así salvar, 
sanar y bendecir infinitamente vidas como las nuestras y 
hasta de las que no conocemos aún, por ejemplo, en tierras 
lejanas". Y todo esto "lo hace nuestro Dios desde su trono 
santo de la gracia y de la misericordia infinita del cielo, 
sólo por medio del Espíritu de amor de la sangre y de la vida 
honrada y sumamente gloriosa de su Hijo, nuestro Señor 
Jesucristo, en nuestros corazones, en nuestros espíritus y, 
muy importante, en nuestros labios humanos, por ejemplo.

Es decir, sean quienes sean ellos, ya sean familiares 
nuestros o amistades, nuestro Dios los salva, los sana de sus 
males y los bendice ricamente para su nueva vida infinita, 
para La Nueva Jerusalén Sagrada de los ángeles y de los 
pueblos de la tierra, como Israel, por ejemplo, como de los 
que aman a su Árbol Mesías, ¡a Jesucristo! Y, por lo tanto, 
"cualquier enfermedad que esté afligiendo sus corazones, sus 
espíritus y sus cuerpos humanos, entonces podemos hacerlos 
libres, en el nombre todopoderoso de nuestro salvador 
Jesucristo": si tan sólo oramos a nuestro Dios y confesamos 
nuestras necesidades a él con nuestros labios, en el nombre 
de su Hijo amado, ¡el salvador de tu vida, hoy y siempre! 

Por ejemplo, "en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, 
nuestro Padre Celestial puede hacer que los cojos caminen, 
que los ciegos vuelvan a ver, que los sordos vuelvan a oír, 
que los enfermos de cualquier tipo de enfermedad vuelvan a 
ser sanos de sus enfermedades; y, también, nuestro Dios puede 
hacer que los muertos se levanten de sus tumbas". Es decir, 
que "para nuestro Padre Celestial", para que los que creen en 
su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, "no hay ningún 
imposible, sino que todas las cosas le son posibles a él, por 
medio de su Hijo amado, en nuestros corazones y en nuestros 
labios hoy en día y por siempre, en la nueva eternidad 
celeste". 

Visto que, "en el Espíritu de nuestra fe, hay poder, hay 
autoridad celestial, en el nombre de nuestro Señor 
Jesucristo, en la tierra y en el cielo, para desatar y 
destruir cada uno de todos los males del enemigo que afligen 
el espíritu y el cuerpo humano de todos los hombres, mujeres, 
niños y niñas de la humanidad entera". Porque "con tan sólo 
oír la invocación del Señor Jesucristo, en nuestros 
corazones, en nuestras mentes, en nuestros espíritus y en 
nuestros labios humanos, entonces el enemigo tiene que 
abandonar inmediatamente su obra de maldad hecha en contra de 
nosotros y huir muy lejos de nosotros, para siempre". 

En vista de que, "el Espíritu de la sangre y de la vida de 
nuestro Señor Jesucristo tiene poder sobre todos los males de 
la presencia terrible de Satanás y de cada uno de sus 
demonios, para que no nos hagan ningún mal jamás, en la 
tierra, ni en el paraíso, para siempre". Fue por esta razón, 
"que nuestro Dios deseaba que Adán y Eva comiesen y bebiesen 
del fruto del Árbol de la vida lo más pronto posible, como en 
el día que los creo. Porque el enemigo de su verdad, de su 
derecho y de su justicia estaba como león rugiente rondando, 
sediento y hambriento, para ver como atacarlos y a cada uno 
de sus descendientes, también, y así destruir sus vidas, 
infinitamente". 

Es decir, también, "de que si Adán y Eva hubiesen obedecido a 
la voz de nuestro Padre Celestial de no comer del fruto del 
árbol de la ciencia del bien y del mal, entonces ellos no 
hubiesen jamás caído en ningún mal de Satanás". Porque "todo 
aquel que come del fruto del Árbol de la vida eterna, 
entonces ninguno de los males del enemigo, como sus muchas 
mentiras y engaños y decepciones terribles en sus corazones y 
en sus espíritus humanos, no hubiesen tenido efecto alguno en 
sus vidas jamás, como para robarles, como para destruirlos y 
como finalmente para matarlos a sangre fría". 

Eso es verdad, la mentira de Satanás no vale nada en contra 
del fruto del Árbol de la vida eterna, nuestro Señor 
Jesucristo, el Hijo de Dios, ¡el Mesías del cielo!, viviendo 
en nuestros corazones y en nuestras almas infinitas, en el 
paraíso, en la tierra y en la nueva creación de Dios. Es por 
eso, "que el fruto del Árbol de la vida fue tan importante 
para Adán en el paraíso, como lo es hoy en día, por ejemplo, 
en los corazones de los hombres, mujeres, niños y niñas de la 
humanidad entera, comenzando con Israel, para que ninguna 
mentira o maldad de Satanás tenga efecto alguno de sus vidas, 
hoy ni nunca".

Fue por esta razón, "que nuestro Dios urgía a Adán y a Eva a 
que coman del fruto del Árbol de la vida, su Hijo amado, 
nuestro Señor Jesucristo, lo más pronto posible, para que 
sean totalmente libres de todos los poderes de sus enemigos 
eternos, en el paraíso y en todos los lugares de la vasta 
creación celeste". Y "estos eran realmente, como hoy en día 
en todos los lugares del infierno por ejemplo, poderes 
sobrenaturales de las mentiras y de los engaños de gran 
maldad del corazón y del espíritu de error de Satanás y de 
sus ángeles caídos", en el paraíso, en la tierra y en 
cualquier lugar de toda la creación de Dios. 

Y, en estos días, "lo mismo es verdad con cada hombre, mujer, 
niño y niña de la humanidad entera, nuestro Dios desea que 
cada uno de ellos coma y beba únicamente de su fruto de vida, 
de la misma manera, que se lo pidió a Adán y Eva que lo 
hiciesen así, en el paraíso, para bien de sus vidas". Para 
que "ninguna de las mentiras de Satanás pudiese tener ningún 
efecto malvado en sus corazones y en sus espíritus y cuerpos 
humanos para engañarlos mortalmente, por ejemplo, sino que 
siguiesen viviendo infinitamente en el paraíso y en la nueva 
vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del gran 
rey Mesías de Israel y de las naciones, ¡Jesucristo!

LA IRA DEL CIELO Y DE DIOS ES PARA LOS QUE BUSCAN AYUDA EN 
ÍDOLOS

Ciertamente, "la ira de nuestro Dios se enciende en contra de 
aquellos que buscan ayudas para sus vidas y para los suyos, 
en gentes que sólo sirven a los dioses muertos del bajo 
mundo, como imágenes de talla e ídolos de todas clases, las 
cuales ofenden día y noche al Espíritu Divino de la Ley de 
Dios y de Moisés. ¡Alas de los que van a gentes (o líderes 
espirituales) que aman a dioses extraños, que sirven a 
doctrinas de Satanás y de demonios en sus corazones errados: 
y buscan en ellos ayuda, cuando no la tienen, porque están 
lejos de toda ayuda verdadera de Dios y de su Jesucristo! 

Buscan apoyo en sus ídolos, "como si fuesen dioses de alguna 
clase o poderes del cielo; confían en sus consejos, por ser 
numerosos, pero sin sabiduría de Dios alguna ni en sus 
mejores términos de sus labios; y en sus obras se apoyan, por 
ser muy poderosas, pero no saben (ni les paso por la mente) 
que son obras muertas". Y por su error "no miran al Santo de 
Israel, ni buscan a su Padre Celestial que está en los 
cielos, para mal de sus vidas eternas y de los tuyos, 
también", en la tierra y en el más allá. 

Esto es pecado, para castigo; esto es un desmán (casi 
imperdonable) a su Dios, Creador del cielo y de la tierra. 
Porque "sólo nuestro Dios es poderoso, y a quien debería ser 
consultado, por cualquier problema o situación en la vida de 
cualquier hombre, mujer, niño o niña de la humanidad entera". 
Por lo tanto, es una ofensa muy seria, "cuando el hombre 
busca ayuda (y no la de su Dios) en donde no la hay, sino 
sólo mentiras y engaños tras engaños, para robar, para matar 
y para destruir todo lo que es verdadero, lo que es justo y 
lo que es de Dios, en el paraíso y en la tierra". 

Porque la verdad es que "Satanás fue tirado al bajo mundo de 
la tierra, por su pecado, para no volver jamás a su estado de 
gloria y de honra de las cuales disfrutaba en su vida 
celestial delante de Dios, custodiando siempre el trono de la 
gracia y de la misericordia infinita, en el cielo". Y desde 
aquellos días, lo único que hace Satanás es robar, matar y 
destruir a todo lo que es de Dios y de su Hijo amado, nuestro 
Señor Jesucristo, en los corazones mentirosos de los 
pecadores y de las pecadoras de la tierra, para que no se 
encuentren jamás con su verdad y con su vida celestial, sino 
con el infierno". 

Pero no es así, con nuestro Señor Jesucristo para con Adán y 
para con cada uno de sus descendientes, en sus millares, de 
todas las razas, familia, pueblos, tribus, linajes y reinos 
de la tierra. Porque "desde el día que nuestro Señor 
Jesucristo fue manifestado al hombre por Dios mismo, como el 
Árbol de la vida, bueno para comer para el hombre y para cada 
uno de sus descendientes, entonces sólo ha salido bondad, 
misericordia, gracia, salud y vida infinita con muchas de sus 
más ricas bendiciones del paraíso, para los que buscan a 
Dios". 

Porque "el designio del corazón de nuestro Señor Jesucristo, 
como el Espíritu Verdadero de la Ley de Dios y de Moisés, es, 
sin duda alguna, que todos busquen a su Dios y Fundador de 
sus vidas con sus fueras, con sus mentes, con sus corazones y 
con todas sus vidas, para que haya luz y vida en abundancia 
siempre". Porque "los que no buscan a su Dios y Creador de 
sus vidas, por medio del fruto del Árbol de la vida, nuestro 
Señor Jesucristo, entonces sus corazones lo único que hacen 
es producir tinieblas tras tinieblas, para que no haya paz ni 
vida, en todos los lugares de lo alto y de lo bajo de la 
tierra, por ejemplo". 

Además, "nuestro Dios no ha creado al hombre en sus manos 
santas del polvo de la tierra, para que sea productor / 
fabricante de tinieblas, sino de la luz del fruto del Árbol 
de la vida, nuestro Señor Jesucristo, en el paraíso, en la 
tierra y así igual, en la nueva vida infinita de La Nueva 
Jerusalén Santa del cielo". Pero "Satanás ha hecho con sus 
mentiras y con sus engaños que el hombre sufra, sin el 
conocimiento de la verdad y de la justicia del Señor 
Jesucristo en su corazón, para que su alma y su cuerpo 
corporal no vivan en paz con su Dios en el cielo y así 
también en la tierra, de nuestros días y de siempre". 

Entonces "el hombre y así también la mujer sufren día y noche 
la aflicción pesada del pecado de su corazón y de su alma 
viviente, delante de su Dios y Creador de sus vidas y hasta 
que finalmente mueren (por falta de conocimiento) para 
regresar al polvo de la tierra, de donde Dios los saco en el 
día de su creación". Pero "nuestro Señor Jesucristo ha 
descendido del paraíso, no para regresar nuestros cuerpos y 
nuestras almas eternas al polvo de la muerte de la tierra, 
sino para darnos el perdón de nuestros pecados, salud, 
gracia, misericordias eternas y vida santa y perfecta para 
amar a nuestro Dios y en el futuro no muy lejano conocer su 
nombre santísimo en el cielo". 

Es decir, que "con el Señor Jesucristo nosotros tenemos vida 
y salud en abundancia aseguradas en él, en la tierra y así 
también en la nueva vida infinita del nuevo reino celestial 
de Dios y de su Jerusalén Santa y Perfecta del cielo". Por 
ello, "todo lo que nosotros necesitemos en nuestras vidas, Él 
está muy cerca de nosotros mismo, como tan cerca y tan dentro 
de nuestros corazones, para suplir cada una de ellas, para 
que jamás nos falte ningún bien del cielo ni de la tierra, en 
todos los días de nuestras vidas y hasta aún más allá de la 
eternidad venidera". 

Es por eso, "que podemos confiar en nuestro Padre Celestial 
por cada una de nuestras necesidades, sólo por medio del 
Espíritu de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en el 
paraíso, en la tierra y así también en la nueva vida infinita 
de La Nueva Jerusalén Celestial, en donde nos encontraremos 
cara a cara con nuestro Padre Celestial. Porque "así como el 
Señor Jesucristo era la respuesta a los problemas o 
necesidades espirituales y humanas de Adán y Eva, por 
ejemplo, en el cielo: pues así también, nuestro Señor 
Jesucristo es la solución perfecta para cada uno de nuestras 
necesidades, grandes y pequeñas, hoy en día y para siempre, 
en la tierra y en la eternidad venidera". 

Entonces "si tienes la necesidad de algún buen consejo en tu 
vida, no lo busques en gentes extrañas que sirven y adoran a 
dioses que tú no conoces, ni conocerás jamás, porque no 
existen, sino que son una mentira más de Satanás en tu vida y 
en la vida de los que se pierden en sus tinieblas eternas del 
infierno". Busca, pues, apoyo en tu Padre Celestial y en tu 
salvador eterno, nuestro Señor Jesucristo y así jamás te 
faltara ningún bien en tu vida ni en la vida de ninguno de 
los tuyos; porque "nuestro Padre Celestial es muy rico para 
bendecir a todos los tuyos, en tus tierras y hasta en tierras 
muy lejanas, también". 

Nuestro Padre Celestial "siempre está presto para oír tus 
oraciones, tus ruegos, tus suplicas y tus intercesiones por 
ti mismos y por los tuyos, para contestarte en el nombre 
sagrado de su Árbol de vida eterna, su Hijo amado, nuestro 
Señor Jesucristo, cada una de ellas, sin jamás faltar a 
ninguna de sus buenas promesas para tu vida inmortal". Porque 
"así como Dios desea que le pidamos a él, en el nombre de su 
Hijo amado, pues así también él mismo nos habla y nos ayuda 
día y noche en el mismo nombre milagroso de su Hijo amado, ¡
nuestro Señor Jesucristo!" 

Ahora, "si tú no puedes creer en su Hijo amado en tu corazón, 
entonces nuestro Padre Celestial no puede simplemente hacer 
nadad por ti, en el nombre de nadie, que no sea su Hijo 
amado, el Árbol de la vida eterna, ¡el único Mesías posible 
de todos los tiempos! Es decir, que "así como todo hombre 
fiel y mujer fiel a él, en el nombre del Señor Jesucristo, 
los bendice porque se acercan a él, en el Espíritu de amor de 
su Hijo amado". Pues "así también él mismo se acerca a ti, en 
el nombre y en el Espíritu de su Hijo amado, nuestro Señor 
Jesucristo, porque está en ti indudablemente, para contestar 
cada una de tus oraciones, de tus ruegos, de tus peticiones y 
de tus intercesiones para ti mismo y para los tuyos, en tu 
país y lejos de él, también". 

Es por eso, "que el creer desde el comienzo de todas las 
cosas de nuestro Creador, en el nombre sagrado de nuestro 
Señor Jesucristo, es de suma importancia para el crecimiento 
corporal, intelectual e espiritual de cada ángel del cielo y 
así también de cada hombre, mujer, niño y niña de la 
humanidad entera". Entonces "no confíes jamás en los consejos 
de ningún hombre, sino sólo en el consejo sagrado de su 
palabra viva, la cual se encuentra siempre en su Escritura y 
en el Espíritu de su Ley Santísima: Los Diez Mandamientos de 
Dios y de Moisés, por ejemplo". 

Porque el hombre que confía en otro hombre maldito es para 
nuestro Padre Celestial que está en los cielos… (Jeremías 17: 
5). Porque "en el único que nosotros debemos confiar siempre 
es en Él, nuestro Dios, (y más no en el espíritu y en la 
carne del hombre o de la mujer de pecado de toda la tierra), 
sólo por medio del Espíritu de fe, de la sangre y de la vida 
gloriosa y sumamente honrada de su Hijo amado", ¡nuestro 
Señor Jesucristo!

SIN EL ESPÍRITU DE FE, NUESTRO DIOS NO ES FELIZ CON NADIE

Porque "es el Espíritu de fe, sólo posible en el corazón del 
ángel del cielo y así también de cada hombre, mujer, niño y 
niña de la humanidad entera, por medio del espíritu del pacto 
de la sangre y de la vida vivida perfectamente en la Ley de 
Dios y de Moisés, de nuestro Señor Jesucristo". Y "esta es la 
fe que agrada a nuestro Padre Celestial de comer y de beber 
día y noche y por siempre en la eternidad venidera, del Árbol 
de la vida del paraíso, tal como se lo ordeno a Adán y a Eva, 
por ejemplo, en sus primeros días de vida del reino 
celestial". 
 
Por ello, "sin fe es imposible agradar a nuestro Padre 
Celestial, porque es necesario que el que se acerca al 
Creador de su vida, entonces crea que Él mismo existe y que, 
a la vez, es gratificador de los que le buscan, únicamente en 
el espíritu y en la verdad de la vida gloriosa de su Árbol 
Salvador", ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque "es el Espíritu 
de fe, del fruto del Árbol de la vida, el cual mueve a 
nuestro Padre Celestial a hacer muchas cosas por cada uno de 
nosotros, en nuestros millares, en todos los lugares de la 
tierra y hasta alcanza y supera lo imposible también, en 
nuestros espíritus, en nuestros corazones y en nuestros 
cuerpos eternos". 

En la medida que, "cada vez que no podemos resolver cualquier 
tipo de problema o dificultad en nuestros corazones y en 
nuestras vidas normales, de nosotros mismos o de alguien más, 
es por que es hora de Dios entrar a obrar en nuestras vidas, 
por medio de su Espíritu de fe, sólo posible en la invocación 
gloriosa de nuestro Jesucristo". Y "éste espíritu de fe, del 
nombre y de la vida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo ya 
está en vigencia" en nuestros corazones, en nuestros 
espíritus y en nuestros cuerpos humanos: "lo único que 
tenemos que hacer es despertarlo, para gloria y para honra 
eterna de nuestro Padre Celestial y de su nombre muy santo en 
nuestras vidas, por ejemplo". 

Y "esto es poder del cielo, para alcanzar muchos milagros, 
maravillas y prodigios sobrenaturales en nuestras vidas, en 
todos los lugares y en todo tiempo de la tierra". (Porque la 
verdad es que cada uno de nosotros es sobrenatural, 
infinitamente sobrenatural y fuera del mundo en que vivimos, 
hoy en día, (ya que descendimos del paraíso, del cielo y de 
nuestro Creador Celestial); es decir, (somos sobrenaturales) 
si permanecemos en nuestro Padre Celestial, por medio del 
Espíritu de fe, ¡de nuestro salvador Jesucristo!) 

Pero "el que piense que está falto de fe, entonces invoque al 
SEÑOR: porque él mismo le dará de su Espíritu en abundancia y 
sin medida alguna en el paraíso, en la tierra y así también 
en la nueva vida infinita de la Gran Jerusalén Colosal del 
cielo, para conocer toda verdad, derecho y justicia celestial 
en su vida". Y, además, "en el paraíso nuestro Dios quiso 
darle más y más de se su Espíritu Santo y de su misma fe, a 
Adán y a cada uno de sus descendientes (aunque no habían 
nacido todavía), por el fruto del Árbol de la vida, el 
Espíritu de vida eterna de su Hijo, nuestro único redentor 
del paraíso, ¡el Señor Jesucristo! 

Pero "como Adán junto con su esposa Eva rehúso comer y beber 
del fruto de la vida eterna, entonces Dios no pudo entregarle 
más de su Espíritu Santo, salvo de lo que ya le había dado 
antes", como en el día de su creación, por ejemplo, en sus 
manos santas. Y "es por eso, que Adán junto con Eva y sus 
descendientes por venir en generaciones venideras se lleno de 
las tinieblas del pecado y de la rebelión a Cristo, igual que 
Lucifer y sus ángeles caídos, por ejemplo, en el reino de los 
cielos, en el paraíso y en la tierra, de nuestros días". 

Porque "para Adán comenzar a gozar de su vida junto con su 
Esposa Eva entonces necesitaba del Espíritu de Dios, sólo 
posible al comer y beber del Árbol de la vida, su único 
salvador posible en el paraíso y en toda la creación de 
Dios", ¡el Señor Jesucristo! Y "cuando nuestro Señor 
Jesucristo estuvo en la tierra, viviendo y predicando la Ley 
de Dios y de Moisés para salvación de muchos, entonces les 
dijo a sus apóstoles y a todos los que le habían recibido, de 
una manera u otra: "Y si yo fuere levantado una vez más al 
paraíso, entonces rogare al Padre para que les envíe su 
confortador". 

Y "esto es la llenura infinita (y no sólo por un tiempo, sino 
para la eternidad de su Espíritu), el Espíritu Santo, para 
poderle hacer frente a Satanás y a cada una de sus amenazas 
que viene a la vida del hombre día a día por culpa del pecado 
todavía, así como en el caso de Adán en el paraíso. "Amenazas 
que vienen día y noche a la vida del hombre, por medio de sus 
espíritus de gran mentira y de maldad eterna", en todos los 
lugares de la tierra (y aún en lugares que nosotros ni lo 
pensamos, de entre los nuestros y en algunos lugares en la 
tierra, también, y como en el paraíso o el cielo, por 
ejemplo). 

Porque "el pecado y la rebelión que Satanás empezó con los 
suyos en el cielo, no la va a terminar en la tierra, como 
algunos piensan, sino en el mismo lugar en donde empezó todo 
el mal de la creación y de su Árbol de vida eterna, en el 
cielo y delante de Dios y de sus ángeles gloriosos". Y 
Satanás será derrotado una vez más y como siempre en el cielo 
y en la tierra, pero esta vez morirá en el lago de fuego 
junto con el profeta falso y la gente de gran mentira y de 
gran maldad de sangre fría y eterna del más allá, como del 
bajo mundo de las almas perdidas por ejemplo. 

Porque "el mismo nombre muy santo de nuestro Dios, del cual 
se rebelo con mentiras y gran maldad en el cielo y delante de 
los ángeles de Dios y de su gran rey Mesías, el Cristo, 
entonces lo derrotara infinitamente y para siempre". Es por 
eso, "que nuestro Padre Celestial nos ha entregado de su 
nombre muy santo, en el corazón y en el Espíritu de la sangre 
y de la vida del gran rey Mesías, nuestro salvador 
Jesucristo, para vencer a toda serpiente, escorpión y poderes 
terribles de Satanás en la tierra y en el más allá, y nada 
nos dañara jamás". 

Porque "así como Dios se gozaba en bendecir a su pueblo y a 
sus gentes de la antigüedad, en todos los lugares de la 
tierra, comenzando con Israel, por ejemplo: entregándoles 
maravillas tras maravillas, prodigios tras prodigios en los 
cielos y en la tierra, para que vean que tienen un Dios 
Todopoderoso en cielo". Pues "así también es nuestro Padre 
Celestial, hoy en día, con todos los que le buscan por amor a 
Él, sólo por medio de la vida gloriosa y sumamente honrada de 
su Hijo amado, el Hijo de David", ¡nuestro salvador 
Jesucristo! 

Porque "nuestro Dios se place mucho en su corazón santo, en 
regalar de sus más ricas y gloriosas bendiciones infinitas de 
su Árbol de la vida, a los que le invocan y le buscan a Él, 
únicamente por medio del nombre santísimo de su Hijo amado", 
¡nuestro Señor Jesucristo! Es decir, que "con tan sólo 
nosotros invocar el nombre sagrado del Señor Jesucristo 
entonces Dios permite que muchas de sus más ricas y poderosas 
bendiciones de la vida santa del reino de los cielos, 
comiencen a descender una a una en nuestros corazones, en 
nuestros espíritus y cuerpos humanos, para llenarnos de gozo 
y de salud infinita, por ejemplo". 

Porque "nuestro Dios nos ha creado en sus manos, para que le 
llevemos gozo, alegría, gloria, honra y santidades infinitas, 
aún jamás alcanzadas por los corazones y por los espíritus 
gloriosos y nobles de los ángeles, desde la antigüedad y 
hasta nuestros días, por ejemplo, hasta que naciste tú en el 
reino del Árbol de la vida, ¡nuestro Mesías! Entonces "el 
Señor Jesucristo es trascendental en nuestro diario vivir por 
la tierra y así también en el paraíso y en La Nueva Jerusalén 
del nuevo reino celestial, para entregarle a nuestro Dios 
esas glorias infinitas, las cuales son solamente posibles en 
nuestros corazones, gracias a la obra perfecta de nuestro 
Señor Jesucristo sobre el madero y en nuestras vidas". 

Porque "nuestro Señor Jesucristo no sólo es el Espíritu de la 
Ley de Dios y de Moisés, sino que también es el mismo 
espíritu de fe, de nuestros corazones y de nuestros espíritus 
humanos, para alcanzar maravillas, milagros y formidables 
prodigios celestiales y terrenales en nuestras vidas, hoy en 
día y por siempre, en la eternidad celeste". Y "el Espíritu 
de fe existe en nosotros, porque nuestro Dios mismo lo puso 
ahí, en su lugar, para ser usado por cada uno de nosotros, 
como hoy mismo en tu vida, mi estimado hermano, para buscarle 
y creer en él, siempre y hasta aun más allá de la eternidad 
venidera, por ejemplo; porque somos eternos, así como Dios es 
eterno". 

Ya que, "el enemigo (Satanás) de toda verdad, de todo derecho 
y de toda justicia celestial y terrenal de nuestro Señor 
Jesucristo no se cansa de atacar a Dios y así también a todos 
los que le puedan servir a él, por medio de su Hijo amado, el 
salvador de nuestras vidas y de nuestro mundo, por ejemplo". 
Por ello, "el que se acerca a su Dios, tiene que creer que Él 
existe en el cielo, por medio del Espíritu de fe, de nuestro 
Señor Jesucristo, para que de esta manera única entonces 
todas sus oraciones, peticiones, ruegos e intercesiones le 
sean contestadas a él (o a ella), hoy y siempre, para que no 
le falte ningún bien jamás". 

Porque "nuestro Dios es galardonador de todos los que le 
buscan de todo corazón, en el nombre sagrado de su Hijo 
amado, nuestro Señor Jesucristo, en el paraíso, en la tierra 
y así también ha de ser igual en La Nueva Jerusalén Santa y 
Perfecta del cielo". Entonces "si estas buscando al Dios de 
tu vida", mi estimado hermano y mi estimada hermana, pues, 
"lo encontraras sin más demora alguna, sólo por el espíritu 
de tu fe, centrada en Jesucristo, desde tu corazón y que se 
levante por tus labios hacia el cielo, al oído de nuestro 
Dios, para que te abrace infinitamente para su nuevo reino 
celestial".

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su 
Jesucristo es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en 
el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, 
Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras 
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y 
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para 
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el 
Señor Jesucristo.

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo 
a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un 
tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en 
tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre 
Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un 
fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de 
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos 
termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es 
verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán 
atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego 
del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de 
Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí 
contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. 
Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en 
Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos 
de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de 
espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de 
los tuyos también, en la eternidad del reino de Dios. Porque 
en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y 
exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos 
ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada 
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, 
cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de 
bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, 
cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada 
vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas 
bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa 
del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo 
amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de 
las naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en 
tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en 
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha 
venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde 
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". 

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza 
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni 
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas 
ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios 
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, 
sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me 
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a 
los que me aman y guardan mis mandamientos". 
 
TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová 
tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre 
en vano". 

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para 
santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero 
el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en 
ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu 
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está 
dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los 
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y 
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del 
sábado y lo santificó". 
 
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que 
tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te 
da". 
 
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". 

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". 

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". 

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de 
tu prójimo". 
 
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no 
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su 
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu 
prójimo". 

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos 
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno 
de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por 
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los 
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus 
ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, 
en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, 
también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de 
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde 
los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, 
en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos 
males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en 
abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas 
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor 
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y 
digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de 
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y 
salvador de todas nuestras almas: 

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la 
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo 
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el 
cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, 
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también 
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en 
tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el 
poder y la gloria por todos los siglos. Amén. 

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre 
Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no 
perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará 
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la 
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, 
sino es POR MÍ". Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY! 

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. 

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA 
TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de 
éste MUNDO y su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al 
tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que 
entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ 
DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: 
Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que 
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi 
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a 
venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador?  ¿Sí _____?  O ¿No 
_____?

¿Fecha? ¿Sí ____?  O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de 
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con 
Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate 
en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y 
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es 
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de 
Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros 
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del 
evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender 
más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros 
cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes 
temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, 
entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, 
para ver que clase de libros están a tu disposición, para que 
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, 
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su 
Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de 
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la 
paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras 
oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo 
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras 
bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y 
nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos 
los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y 
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis 
hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre 
Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en 
el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. 

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el 
Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y 
asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de 
Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda 
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo 
corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y 
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, 
como antes y como siempre, por la eternidad.


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http://radioalerta.com
date: Sat, 20 Oct 2007 18:27:16 -0400   author:   IVAN VALAREZO

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